¿El cielo tiene un problema de imagen?

¿Cuál es tu esperanza?

¿Qué tan viva es la esperanza del cielo en tu vida cristiana? Esta pregunta brota de las palabras de Pablo al inicio de lo que sería el más hermoso y comprensivo pasaje sobre la vida de un seguidor de Jesús:

Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria.
Colosenses 3:1-4 NBLA

En el pasaje completo de Colosenses 3 Pablo habla acerca de la envidia, idolatría, ira, y la calumnia. Habla sobre la amabilidad, compasión, paciencia, y el perdón. También habla del sexo, el matrimonio, y la paternidad. Cada parte de la imagen, del pecado que debemos quitarnos a las virtudes que debemos ponernos, de cómo amarnos unos a otros hasta cómo nos comportamos en la iglesia, en el hogar, y en el trabajo, fluye de una mente puesta en las cosas de arriba.

Justo en el centro de la vida cristiana, Pablo coloca ser intencionales y disciplinados en cultivar un enfoque en el cielo, ¿te parece correcto?.

Estoy convencido de que el cielo sufre un serio problema de imagen.

Para algunos, la idea del cielo luce aburrida. Este es un problema con grandes raíces. Catherine Earnshaw, de la novela Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë, expresa desde el siglo diecinueve en Inglaterra lo que muchos sienten hoy:

Yo sería muy desgraciada si estuviera en el cielo, Elena… Una vez soñé que estaba en el cielo… notaba que aquello no era mi casa, y que, al fin, los ángeles se enfadaron tanto, que me echaron. Fui a caer en medio de la maleza, en lo más alto de Cumbres Borrascosas, y me desperté entre lágrimas de alegría.1

¿Ves la implicación aquí? El cielo es literalmente una pesadilla. Como otro escritor lo resume todo,”Nuestros ancestros tenían miedo del infierno; nosotros tenemos miedo del cielo. Pensamos que será aburrido”2. Muchos cristianos puede que sepan que no deben aceptar los clichés sobre lindos ángeles tocando arpas en las nubes, pero no tienen imágenes puntuales a las cuales recurrir. ¿Por qué debería yo querer estar en un servicio de adoración que nunca termina?.

Para otros, el pensamiento de anhelar el cielo se siente un poco desagradable, como si no hubiese relación alguna entre anhelar el cielo y amar el mundo como lo conocemos ahora, con sus hermosas personas y sus serios problemas. Decir “una mente en el cielo” ha sido atribuido como crítica a los que no han sido buenos en la vida terrenal. Es famosa la descripción de Karl Marx sobre la religión como “el opio de la gente”, algo para aliviar su dolor y evitar que tomen medidas para mejorar las cosas. He escuchado cristianos de mi generación hablar de una mente en el cielo en muchos de estos términos, como pretexto para la indiferencia y la inacción. ¿No es egoísta poner la mira en un mundo eterno de felicidad cuando gente real está sufriendo a tu alrededor?

Para otras personas, la noción del cielo parece casi lamentable, más como una pérdida que como ganancia, como si el cielo significara el fin de los placeres que conocemos en este mundo, placeres que son significativos y maravillosos. ¿Por qué debería desear estar en otro mundo cuando tengo tantas cosas por vivir en este?

Me da la sensación, sin embargo, que muchos cristianos simplemente no están pensando en el cielo en lo absoluto y, si preguntara, no podrían decir porqué deberían estar en él. Quizás tenga sentido el porqué una viuda de 83 años con cáncer terminal pueda anhelar el cielo. Pero ¿qué de una estudiante de derecho de 23 años en su segundo año de universidad?, ¿qué de un ingeniero de 33 años que tiene su primer niño en camino?

Quiero demostrar que no se trata de si amas este mundo y sus placeres, es sobre la gente y sus necesidades. La pregunta es si tienes alguna esperanza más allá de este mundo y lo que tiene para ofrecer. Concreta e inquebrantable, es la esperanza viva que viene como derecho de nacimiento para todo cristiano, y esta esperanza está destinada a influir en cada parte de nuestras vidas.

Tristemente, estoy convencido de que tendemos a ver el cielo como si fuese un seguro de vehículo. Sabemos que debemos tenerlo, pero Dios nos libre de tener que usarlo. Lo mejor de tener un seguro de vehículo es la paz mental que provee: no tienes que pensar en él hasta el momento en que lo necesitas. Mientras tanto el enfoque se queda solo en el vehículo: el estilo que más te gusta, las características que quieres, como quieres usarlo, hacia donde quieres conducirlo.

La Biblia describe el cielo no como una póliza de seguro archivada y olvidada. Es una herencia que recibirás con toda certeza, más allá de eso, una herencia que puedes tener ahora mismo. A lo largo de la Escritura, la promesa del cielo funciona como un fondo fiduciario, seguro y totalmente financiado y de libre acceso mientras esperamos que se haga realidad lo que hemos creído. Quiero ayudarte a ver las increíbles riquezas almacenadas en ese fondo fiduciario y cómo aprovechar esa riqueza día a día.

Pero primero, volvamos a Pablo y su base absolutamente clara y contracultural para nuestra vida como cristianos. ¿Por qué debemos poner nuestra mente en las cosas de arriba? ¿Por qué Pablo nos da este mandamiento como el cimiento de la vida cristiana?

La esperanza es esencial

Una mente en el cielo es absolutamente vital porque lo que queremos o esperamos de nuestro futuro tiene un efecto significativo sobre nuestras experiencias en el ahora. Los seres humanos son criaturas orientadas al futuro nos guste o no.

Claro, no somos las únicas criaturas con la mirada puesta en lo que vendrá. Las aves hacen nidos en primavera. Las ardillas entierran nueces en otoño. Los osos almacenan grasa para hibernar en invierno. Pero las aves, ardillas y osos operan por instinto, destinados simplemente a la supervivencia.

Los seres humanos tienen anhelos y sueños. Imaginamos oportunidades que desear y posibilidades que temer. Entrenamos para posiciones, hacemos planes para tener familia, ahorramos para retirarnos, adquirimos seguros para nuestras casas, vehículos, salud, e incluso de vida. Solo los seres humanos toman decisiones conscientemente ahora con la esperanza o el temor de lo que pudiera suceder más tarde.

Para afrontar la vida en este mundo tal como es, necesitas una esperanza más allá de este mundo que pueda sobrevivir cualquier cosa.

La pregunta no es si tu visión del futuro moldea hoy tu vida; la pregunta es cuál visión del futuro está moldeando tu vida hoy y qué efecto está teniendo.

Tim Keller a menudo utilizaba un experimento mental útil para captar este punto3: Imagina dos mujeres contratadas para hacer el mismo trabajo, bajo las mismas condiciones, y la misma cantidad de tiempo. Ambas tienen que hacer las mismas tareas domésticas, hora tras hora, día tras día. Ambas bajo el mismo calor sofocante del verano y el mismo frío intenso del invierno. Pero a una de esas mujeres se le dijo que recibiría $30 mil al final del año, mientras que a la otra se le prometieron $30 millones.

Seguramente a la que le prometieron $30 mil se debatiría si seguir adelante, estaría lidiando con la amargura, seguramente se sentiría menospreciada y mal usada. Estaría mirando por encima del hombro por otras oportunidades que pudieran pagar más o costarle menos, estaría desanimada de donde está y con temor de perderse mejores opciones.

Pero a la que se le prometieron $30 millones aguantaría casi cualquier cosa. Ella trabajaría día tras día con una sonrisa en su cara porque cada minuto del día la acercaría al día de pago que no pudiese obtener en ningún otro lugar.

¿Qué visión del futuro tiene control sobre tu presente?. Tu mente está puesta en algo que está por venir. Todo en tu vida cristiana depende de si ese algo es el futuro que Dios te ha prometido.

Lo que está en juego no podría ser más alto. Para afrontar la vida en este mundo tal como es, se necesita una esperanza más allá de este mundo que pueda sobrevivir a cualquier cosa, porque cualquier cosa puede suceder. Algunos de nuestros sueños desaparecerán, nuestros cuerpos se marchitarán y caerán, nuestras relaciones se tensarán por el pecado y finalmente se perderán hasta morir. Y la mayoría de las veces, no podemos evitar interponernos en nuestro propio camino mientras avanzamos a tropezones hacia la tumba y lo que viene después.

La vida puede ser muy dura. Si vives lo suficiente, de una forma u otra, lo será. Cuando Jesús dijo que acumuláramos tesoros en el cielo, esta verdad fundamental sobre el mundo era el escenario: este mundo donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. (Mateo 6:19b). Hay una base de quebrantamiento en la vida bajo la muerte de la que nadie escapa. La única manera de enfrentar esta realidad es con una esperanza que vaya más allá de donde la muerte y todos sus secuaces puedan llegar: la pérdida, la separación, el cambio, el tiempo mismo. Necesitas una visión clara de hacia dónde va todo esto para seguir adelante sin importar lo que suceda en el camino.


  1. Emily Brontë, Cumbres Borrascosas (Edición en español, Ministerio de Educación Argentina, 2016), p.103 ↩︎
  2. Carol Zaleski, “In Defense of Immortality,” First Things, August 2000 ↩︎
  3. Timothy Keller, Making Sense of God: An Invitation to the Skeptical (New York: Viking, 2016), 153. ↩︎

This article was translated by permission from the original English article published by Crossway.
Publicado originalmente en Crossway: Does Heaven Have a Brand Problem? el 12 de Mayo 2025.
Artículo usado con permiso, traducido por Jey Núñez.

Este artículo esta basado en el contenido del siguiente libro:

Remember Heaven

Meditations on the world to come for life in the meantime
Matthew McCollough

A través de estas meditaciones prácticas sobre las promesas bíblicas, Matthew McCullough nos habla de cómo una mente puesta en lo eterno da forma a nuestra vida aquí y ahora.

Picture of Matthew McCullough

Matthew McCullough

Es pastor en Edgefield Church, Nashville, Tennessee, y el autor de Remember Heaven: Meditations on the World to Come for Life in the Meantime. Tiene un PhD de la Universidad Vanderbilt. Puedes encontrar su contenido en Crossway.
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